En la parte 1 os expliqué por qué soy como soy y por qué hago tantas cosas “RARITAS”.
Ahora, os voy a contar QUÉ COSAS son las que hago exactamente.
Vamos al grano, que esto no tiene desperdicio, te lo aseguro.
Bienvenida al universo de mis rarezas 🌈
→ Llevo zapatillas de 5 dedos.
Y no, no es algo temporal. Llevo años y me flipan. Son comodísimas. Además, son las únicas zapatillas que tengo, no necesito más.
→ Suelo vestir pantalones tailandeses.
Sí, pantalones de pescador, que son una única talla, comodísimos. Además siempre tengo muuucho calor, así que la tela finita de estos pantalones me encanta.
→ He puesto una cama elástica en la cocina.
Sí, en la cocina. Porque puedo. Porque quiero. Porque me da energía. Así cada vez que hago una pausa, me pongo a saltar un rato.
→ Llevo cascos óseos.
Los normales eran… hmmmm muy normales, ¿sabes? Me encantan estos, porque como hacen que vibre el hueso y escuchas la música por ahí, no te tapa los oídos. Así que puedo estar pendiente de las conversaciones o sonidos de la calle.
→ No creo en las bodas.
Noup. La verdad es que eso de gastarse más de 40.000 €, que son unos 4 años de sueldo (sin contar todo el percal que supone), no me emociona mucho.
Y la verdad es que no entiendo cómo todavía hay gente a la que sí…
Pero oye, con el dinero y el tiempo cada quien es libre de hacer lo que le plazca, así que yo no digo nah.
→ No quiero tener hijos.
¿Me lo planteé? Pues sí, con Anna.
Y le dimos muchas vueltas.
Pero la verdad es que nuestro estilo de vida actual, lo mucho que nos movemos por las familias y nuestras prioridades, no están para nada alineadas con la decisión de traer un peque al mundo.
→ Mi nombre real no es Kenai.
Ahí estaba yo, tirado en el sofá, mirando a la pared de enfrente, cuando me vino un pensamiento:
“Oye, si me puedo cambiar de peinado cuando me da la gana, ¿por qué no voy a poder cambiarme el nombre si ya no me gusta el que tengo?”
¿Tiene sentido, verdad?
Pues eso, que me lo cambié y punto. Así que ahora me llamo KENAI y tan contento.
La verdad es que mi vida tiene cada vez más sentido, cuanto más la vivo a mi manera.
Así que te invito a probar a vivirla a tu manera, para que veas qué bien sienta ser tú quien lleva los mandos.